Sepiolite Trips

Throwback to NYC

24/01/2016

Feliz domingos a todxs! ¿Qué tal semana? Espero que los exámenes hayan ido genial y mucha suerte y ánimos para los que os quedan. Positividad que Carnaval está a la vuelta de la esquina.

Hoy escribo sobre una de las mejores experiencias de 2015. Tuve la suerte la viajar a una de las ciudades más increíbles durante el mes de julio. Sí, hablo de Nueva York. La jungla de cemento.  “La ciudad donde todo es posible y los sueños se hacen realidad”, cantaba Alicia Keys en Empire State of Mind.

Antes de seguir contando mi experiencia allí, me gustaría hacer un inciso y agradecer a todos los que la hicisteis posible, porque sin vosotros no habría sido lo mismo.  Así que; muchas gracias a Irene y al equipo de Zuma por tener tanta paciencia con nosotros y estar siempre con una sonrisa en la cara, estoy segura de que no podíamos haber estado en mejores manos. También a la familia Candelas por acogerme una vez más (ya que no te veo mucho Carolina pues al menos vernos a lo grande <3). Pero sobretodo, doy gracias por haberme cruzado con los mejores compañeros de aventuras, por haber creado un mini hogar a miles de km de casa. Ellos ya saben de quién hablo. Los únicos capaces de llamar a 2 camiones de bomberos al poner una lavadora. Y sin duda, a la chica rubia con la que  compartí habitación allí  y  que acabó convirtiéndose en una de mis mejores amigas.

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(Si os soy sincera he re-escrito este post mil veces porque no sé muy bien como orientarlo. Así que he decidido escribir sobre lo que me transmitió la ciudad –totalmente subjetivo porque cada uno lo vivirá a su manera-.)

Rush hour en una bonita estación de Manhattan; todo lleno, todos juntos, todos diferentes. Pero si vas un poco más allá, y te fijas ves que la multitud comparte un mismo perfil; hay muchos turistas y personas trajeadas que supongo que vuelven de trabajar. Sin embargo, a medida que el número de las calles aumentan (concretamente yo hasta la 188), ves el que metro se vacía y las cámaras de los turistas se vuelven inexistentes, al igual que cualquier tipo de traje o vestimenta formal. Ves el contraste de color de piel, cada vez más oscura, a medida que subes calles.  Pero no todos los contrastes son graduales. Estas en Broadway, el sol brilla, carteles brillantes y risas ultrasonoras. Escuchas jocosas conversaciones dentro de terrazas, la música de los locales. Y sin embargo, a pocos minutos,  en la Zona Cero reina el silencio. Nadie levanta una palabra más alta que otra. Hay algunas rosas blancas llenas de gotas de lluvia y millones de miradas que no olvidan. En cualquier acera de cualquier barrio te encontrarás el puro minimalismo, así como los looks más extravagantes y recargados que podrás ver. Nueva York también es un contraste de música. Allí tocan los artistas del momento. Pero no son los únicos, y me atrevería a decir que tampoco son los mejores; recuerdo a un señor que se dejaba la voz con “Stand by me” en un sucia estación, dos chelos en Hyde Park que tocan “Bésame mucho” y un guitarrista que en Strawberry Fields canta al unísono con público “Imagine”.

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Viajar es como una escuela y NYC me ha enseñado mil cosas imposibles de aprender en libros. Hace falta verte rodeado de millones de personas para darte que a veces solo necesitas a la que está a tu lado para no sentirse solo. También recuerdo haberme sentido sumamente pequeña desde Empire State, y reírme en parte de la ignorancia de creerse el centro del mundo. 47 millones de personas en un año, 47 millones de historias por contar. Historias que aunque no aparezcan en películas, son dignas de escuchar. Una vez que estas allí y vives la tuya, te das cuenta que soñar dormido está sobrevalorado; que la realidad, a veces, es infinitamente mejor. Te sientes vivo y las luces te inspiran. A veces me preguntaba si los famosos taxistas en sus vehículos amarillos, se habría sentido perdidos alguna vez. Como todos; supongo como sí, pero es que a veces perderse es el primer paso para encontrarse. Al final las mejores sorpresas están en las calles más desconocidas. Hay un  diamante en Tiffany que ha sido imposible de tasar. Algún día acabará teniendo precio; sea cual sea, estoy segura de  que jamás tendrá tanto valor como ciertos momentos con ciertas personas. Vivimos en una sociedad llena de prejuicios, y sin embargo: miles de personas juegan en el parque al ajedrez. No importa la edad, ni el color de piel, ni la situación económica. Importa que se  juegue limpio y tener ganas de aprender de la persona que tienes delante. (Ojalá fuese así siempre en la vida.) Un día te das cuenta que lo minutos en la ciudad que nunca duerme se acaban. El tiempo es relativo, hay semanas que duran lo mismo que un fuego artificial la noche del 4 Julio.

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También os enseño mi look de hoy que por cierto, es increíble el calor que hace. Como podéis ver es súper sencillo; llevó un camiseta de rayas que compré justo en Nueva York, la combiné con una falda vaquera midi de Zara y mi abrigo(-bata, ya lo llevo con humor jajajajajja) con estampado de cuadros de Bimba y Lola. De esta misma marca también son los pendientes, dos cabezas de águilas con brillantes. Para los labios utilicé mi color favorito de todos los tiempos; la barra de Chanel nª12.

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Por último; os adjunto una de las canciones que me traen mejores momentos.

Infinitos besos y abrazos, desde la 227

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